Cada 30 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2010 para visibilizar esta grave violación a los derechos humanos y exigir verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. En 2026, además, se cumplen 20 años de la adopción de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.

En México, la desaparición de personas continúa siendo una de las principales crisis de derechos humanos. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), la cifra acumulada supera las 130 mil personas desaparecidas y no localizadas, sumando a esta realidad un fuerte componente de género y edad.

Sin embargo, hablar de desapariciones en México implica mirar más allá de las cifras. En este contexto, existen poblaciones particularmente vulnerables cuya experiencia permanece poco visible en los registros oficiales. Entre ellas se encuentran pueblos indígenas, comunidades campesinas y personas jornaleras agrícolas que migran temporalmente de sus lugares de origen hacia otros estados en busca de trabajo. Investigaciones y organizaciones de derechos humanos han documentado casos de jornaleros indígenas desaparecidos después de trasladarse a zonas agrícolas, así como dificultades para que sus casos sean incorporados adecuadamente a las estadísticas nacionales.

La vulnerabilidad no termina con el desplazamiento. La precariedad laboral, la pobreza, la falta de redes de apoyo, las barreras lingüísticas y la distancia entre las comunidades de origen y los lugares de trabajo pueden dificultar la denuncia y las labores de búsqueda. En 2025, por ejemplo, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan documentó la migración de 112 jornaleras y jornaleros pertenecientes a 29 familias indígenas de Guerrero, acompañados por más de 30 niñas y niños, hacia campos agrícolas del norte del país.

Jalisco representa uno de los principales focos de esta crisis, estado donde esta emisión de Polen al Aire recupera la voz de Doña Nati, madre buscadora, para acercarnos a la dimensión humana de una crisis que las estadísticas no alcanzan a explicar. Su historia forma parte de miles de historias de familias que, frente a la ausencia y la incertidumbre, han convertido la búsqueda en una forma de resistencia y exigencia de justicia. Esta historia forma parte del podcast producido por Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo (CEPAD), Proyecto Sonoro y Antifaz, y busca colocar en el centro las voces de las víctimas y sus familias: personas que no sólo reclaman encontrar a quienes faltan, sino también conocer la verdad, acceder a la justicia y evitar que otras familias tengan que atravesar por el mismo dolor.

Escucha el programa aquí

Comparte en tus redes favoritas: